Un programa que no puedes dejar de ver. Aunque "Singulars" es un programa, obviamente, realizado en catalán, la intervención del economista Jonathan Tepper es en español, y os aseguro que no tiene desperdicio.
Buscando uno de mis subrayados -a veces acompañados de algún comentario que escribo en su lateral- en un libro de José A. Marina, para una intervención pública que debo realizar en breve, me topé con otro que reavivó mi memoria y mi manera de entender ciertos conceptos teológicos. En este caso el concepto de providencia divina.
Es una preocupación que se pierde en la noche de los tiempos de mi biografía personal. Una preocupación que en los últimos meses ha vuelto a hacerse palpable de una forma inusitada en el ejercicio de mi labor pastoral. Conversaciones con amigos y la lectura de algunos textos han logrado que mi preocupación se torne en ocupación a “full time”.
¿A que me estoy refiriendo? A la necesidad de que las iglesias se abran al mundo mostrando lo que ocurre en ellas entre bambalinas. Como escribiera hace unos días Larry Hollon, secretario general de comunicación de la Iglesia Metodista Unida, "en un momento en que el mundo anhela transparencia y participación, la voluntad de la iglesia para abrir sus procedimientos y actuaciones a la sociedad a través de los medios digitales es un signo de fortaleza y madurez", o ¿acaso las iglesias tienen algo que ocultar..?
Durante estos días "los indignados/15m" han regresado a la calle... ¡El movimiento que lucha por otro mundo posible está más vivo que nunca! Mi amigo Claudio Carvalhaes, a través de su blog, me ha recordado las declaraciones que Eduardo Galeano hizo en aquellos días (Mayo, 2011); Y sus palabras son más vigentes hoy que ayer:
“Vosotros mismos os convertiréis en sus esclavos” (1Sam. 8:17b)
“Queremos tener rey como las demás naciones”, pidió el pueblo hebreo al último de sus jueces, un tal Samuel. Ante ese deseo expresado con gran insistencia por el pueblo, cuentan que Samuel se puso a orar a Dios, disgustado por la petición del antiguo Israel.
Dios, no tardó en responderle (1Sam. 8:9-19) diciéndole que les avisara y les diera a conocer lo que significaría tener rey, sus privilegios y prerrogativas. Y así lo hizo. Les explicó básicamente que el rey elegido crearía una fuerza militar y alistaría a sus jóvenes; les pondría a cuidar de sus propiedades y les emplearía en la creación de armas; también tendrían que aportar a las hijas de Israel a fin de cuidar de su imagen y su estómago; que cobraría impuestos a voluntad sobre lo que sus súbditos poseyeran; y por último, acabarían siendo sus esclavos. Todas las decisiones del rey de Israel serían tomadas por “decreto ley”, sin consultar con el pueblo sobre el que reinaba. Sin embargo, y a pesar de las advertencias, Israel insistió “¡queremos rey”! La monarquía, según apunta la historia de Israel, se demostraría como un mal para todo el pueblo y su devenir histórico.
El título de esta entrada es el estribillo de una canción creada e interpretada por el pastor evangélico brasileño Simonton que lleva por título "El Hijo Pródigo". Ver el video causa vergüenza ajena.
Un buen amigo me ha pasado el enlace. Y el "pastor dadaísta" que pensaba que ya estaba acostumbrado a ver de todo en el mundo "seudoevangélico", al visionarlo, no dejó de sorprenderse al ver encarnada tanta mediocridad en un pastor. Mediocridad instrumentalizada para mantener en la alienación más absoluta a sus congregantes y, posiblemente, engrosar su cuenta bancaria. Todo parecido con el mensaje y praxis de Jesús es pura coincidencia.
Cualquier día veremos algo parecido por nuestra tierra, si no al tiempo. ¡Juzguen mis lectores por si mismos! Pero sobre todo, no se lo tomen en broma, estamos ante algo mucho más que serio...
No hay comunidad sin relaciones interpersonales. Y para que esas relaciones nos construyan y nos hagan crecer como personas –y como comunidad- deben estar bien encauzadas. La existencia de cualquier comunidad se ve amenazada cuando no existe relación entre sus miembros, y en caso de existir, ésta sea anómala y/o enfermiza.
Los escritos neotestamentarios nos dan sugerencias en relación a cómo deben encauzarse las relaciones interpersonales entre los hermanos y hermanas que conforman una comunidad cristiana. Existe un texto que responde a una lógica abrumadora en relación con la construcción de relaciones sanas que nos ayuden a edificar una comunidad al estilo de la que formó Jesús de Nazaret en torno a sí, la comunidad de sus discípulos. Me refiero al que encontramos en la carta a los Colosenses, 3:12-17.
El hedonismo tiene mala prensa en el mundo cristiano. Todo cristiano bien pensante rechaza de entrada el calificativo “hedonista” aplicado a su propia existencia. Se rechaza un hedonismo serio y comprometido, pero a la vez se opta por un hedonismo que califico de chabacano. ¡Ay, si Epicuro levantara la cabeza y viera el estilo de vida comunitario y personal de aquellos que dicen seguir a Jesús y que confiesan huir de su doctrina filosófica!
El hedonismo que algunos cristianos practican es un epicureísmo popular. “Se cree que el hedonista es aquel que hace el elogio de la propiedad, de la riqueza, del tener, que es un consumidor. Eso es un hedonismo vulgar que propicia la sociedad”, escribe el filósofo hedonista Michel Onfray.
Escribía el biblista Juan Mateos, allá por el año 1972, que “en nuestro mundo el evangelio provoca más bostezos que entusiasmos” [1]. Cuarenta años después estamos en la misma tesitura aunque, tal vez, más radicalizada. De ahí que en el titular de mi reflexión escriba “el bostezo dominical”, ya que el bostezo y la falta de entusiasmo se está dando tanto dentro como fuera de las iglesias.
La nostalgia de tiempos pasados, en los que en las iglesias protestantes veían un crecimiento lento pero continuo, y que sus cultos dominicales o reuniones de estudio bíblico y oración eran muy frecuentadas, nos puede conducir a querer regresar a un momento histórico que se ha escurrido entre nuestros dedos. Y, en mi opinión falible, eso sería un grave error.